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Sobre la responsabilidad civil por negligencia médica

La responsabilidad civil por negligencia médica se refiere en sentido estricto a la responsabilidad civil del profesional de la Medicina. En algunos casos puede haber responsabilidad del centro clínico u hospitalario donde se ha producido el error médico, pero al menos desde el punto de vista jurídico, la negligencia médica es una cuestión que atañe eminentemente al profesional médico.

Medicina: profesión liberal

La Medicina es una de las clásicas profesiones liberales, que tienen como elemento esencial que la responsabilidad es personal de quien presta el servicio. Un abogado, por ejemplo, aunque sea empleado de una firma de abogados, responde personalmente por los daños que pueda causar a un cliente por actos u omisiones negligentes en el ejercicio de su profesión. Esta responsabilidad personal es ineludible, no puede pactarse su no aplicación. Lo mismo aplica a los médicos.

Elementos de la responsabilidad del médico

  1. Error médico.
  2. Daño.
  3. Negligencia.
  4. Relación causal.

Veamos estos elementos uno a uno.

Error médico

Es fundamental que el profesional haya cometido un error, que es un acto u omisión no intencionado, que conduce a un resultado clínico -inadecuado– distinto del que se pretende. Hay distintos tipos de error que puede cometer el médico frente a un paciente. Está el error que ocurre en el seguimiento de reglas o protocolos para determinado procedimiento (ya sea diagnóstico, de tratamiento, quirúrgico, interventivo o de seguimiento). Por otro lado, está el error de juicio.

El error en una profesión como la Medicina, es inevitable. En materia de diagnóstico, por ejemplo, prácticamente todo cuadro sintomático que pueda presentar un paciente, es compatible con múltiples condiciones distintas. Si bien existen protocolos, exámenes y criterios establecidos para diferenciar unas condiciones de otras a fin de hacer un diagnóstico correcto, por regla general dichos protocolos buscan reducir el margen de error, pero no lo pueden eliminar. Aparte de lo anterior, está el hecho de que cada individuo puede presentar manifestaciones de mayor o menor gravedad de síntomas determinados. Existen casos típicos, relativamente sencillos de diagnosticar, y casos atípicos. Son estos casos atípicos los que usualmente conducen al error médico. Por último, el médico muchas veces tiene que diagnosticar y tratar al paciente con base en información incompleta.

En materia de tratamiento (quirúrgico, farmacológico, terapéutico y de otras clases), cada persona es un mundo. La reacción de un paciente A no necesariamente será igual a la del paciente B ante el mismo cuadro, incluso ante diagnósticos muy similares. Existen muchas enfermedades y otras condiciones clínicas en las que hay alta variabilidad en la respuesta a fármacos y otras formas de tratamiento.

Por estas y otras razones, resulta clave entender que en Medicina, la pregunta que debe hacerse el profesional no es si alguna vez se equivocará, sino cuándo, con qué frecuencia, y con qué consecuencias (médicas, económicas y jurídicas). Pero esto mismo nos lleva a señalar que no todo error conduce a responsabilidad civil del médico. Precisamente por tratarse de una disciplina donde los fenómenos observados y sujetos a la ingeniería del profesional son multifactoriales, con alta variabilidad y con un importante grado de incertidumbre, no puede pretenderse que todo error sea atribuible a negligencia del médico. He allí el segundo elemento necesario de la responsabilidad civil del médico, a que haré alusión a continuación.

Daño

El paciente debe haber sufrido una consecuencia adversa como consecuencia del error médico. El daño producido por el error es la consecuencia negativa que resulta de dicho error, y que no habría resultado de no ser por el error. El daño es en la salud del paciente. Puede ser una condición adversa nueva causada por el error (i.e. una infección); una prolongación del período de recuperación del paciente; una complicación de la condición preexistente, o la no ocurrencia de un evento médico deseado (i.e. que como consecuencia del error se deje de producir un evento que debió haberse dado, como la eliminación de un tumor, por ejemplo). El daño puede ser de distintos grados de gravedad, incluyendo la muerte.

Dentro del daño médico está tanto el daño directo a la salud física del paciente, como el daño moral. El daño moral es la afectación que una persona sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación, vida privada, configuración y aspecto físico, o bien en la consideración que de sí misma tienen los demás (art. 1644a del Código Civil).

Negligencia

No basta la existencia del error. Es fundamental que el error haya sido resultado de un obrar negligente de parte del profesional médico.

La negligencia se da cuando el profesional opera faltando al deber de cuidado o diligencia debida. En materia de responsabilidad civil, el estándar de diligencia a que está obligado el profesional es el de la diligencia o cuidado ordinario o mediano, que consiste en la que los hombres emplean ordinariamente en sus negocios propios. La falta de aplicación de dicho grado de diligencia corresponde a la culpa o negligencia leve.

Relación causal

Por último, no basta la existencia del error médico negligente y la existencia del daño. Es necesario que el daño sea consecuencia necesaria del error negligente de parte del médico. Es decir, aún si se establece que ha habido error negligente del médico, no hay lugar a responsabilidad de este si no se demuestra también que el daño ha sido consecuencia necesaria de dicho error negligente. Si el daño ha resultado por otras causas, como por ejemplo, de complicaciones no relacionadas con el error médico negligente, entonces no hay lugar a responsabilidad (ni civil ni penal) del médico por dicho daño. Esto es un principio fundamental en materia de responsabilidad civil extracontractual.

Carga de la prueba

¿A quién corresponde probar todos los elementos que hemos visto por separado? Corresponde siempre a la persona que busca establecer la responsabilidad civil del médico por negligencia profesional, probar cada uno de dichos elementos, es decir, tanto el error médico como el elemento de la negligencia profesional, la existencia del daño y la relación causal entre el error negligente y la ocurrencia del daño. Si el demandante falla en probar uno solo de estos elementos, no se logra establecer la responsabilidad del médico por la supuesta negligencia profesional.

Si bien todos los elementos de la responsabilidad profesional del médico son importantes, en la práctica litigiosa es la prueba del elemento de la negligencia la que en la gran mayoría de los casos termina siendo pivotal. Como he señalado antes, el mero error médico no es en sí suficiente para establecer la responsabilidad civil del médico, por lo que probar que el error ha sido consecuencia de un proceder negligente de parte del profesional médico es la clave de la estrategia litigiosa. En la práctica, esto requiere siempre de prueba pericial con participaciones de otros médicos que puedan dar su opinión experta sobre cuál ha debido ser el actuar correcto en el caso médico en cuestión. Sin estos testimonios expertos de parte de otros médicos, que den su opinión en sentido de que el médico en cuestión haya actuado omitiendo procedimientos, exámenes o pasos importantes, o que los haya hecho de más sin haber tenido elementos de juicio que justificasen tales procedimientos, será imposible convencer al juez de la existencia del elemento negligencia. Es muy difícil que un juez vaya a juzgar el proceder clínico de un profesional médico, cuando dicho actuar clínico y sus reglas y protocolos son desconocidos por el juez. Se trata de una evaluación eminentemente técnica, que requiere un entrenamiento profesional y experiencia específicas en Medicina, que un juez  no puede tener. Por lo anterior, reitero, la prueba pericial en casos de negligencia médica termina siendo decisiva para establecer tanto la negligencia como el nexo causal.