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Hablando de seguros

Por Jaime Raúl Molina (Artículo publicado en Revista Agenda, Panamá, marzo de 2011)

Las pólizas de seguro son tan necesarias como tener un techo encima. Ciertos riesgos a que nos enfrentamos de modo permanente, pueden tener consecuencias financieras severas, y el contrato de seguro es uno de los medios más eficaces para administrar riesgos. Pero hay algunas cosas que debemos tener muy en cuenta a la hora de contratar seguros.

Riesgo de contraparte

El caso de la recientemente fallida compañía de seguros British American, ilustra muy bien lo que se conoce en el mundo financiero como riesgo de contraparte, que consiste en el riesgo de que la contraparte de uno en un contrato, no pueda cumplir con sus obligaciones contractuales, llegado el momento. De nada me sirve tener un contrato de seguro contra incendio que, al momento que se me quema la casa, resulta que la aseguradora está en insolvencia y no puede indemnizarme.

Lo anterior, aunado al hecho que las pólizas que normalmente contratamos son de largo plazo, nos obligan a ser muy atentos a con qué empresa aseguradora contratamos un seguro. Esto no necesariamente quiere decir que sólo vamos a contratar con la más grande, pero sí al menos que debemos hacer nuestra tarea en lo que respecta a las finanzas de la aseguradora, sus reservas, y sus políticas de reaseguro de sus carteras (y con qué reaseguradoras contrata sus reaseguros).

Deber de información del proponente asegurado

El contrato de seguro es uno de los que se conoce como Uberrima fides, o de la más estricta buena fe. En sentido práctico, significa que la persona que se propone contratar una póliza de seguro, debe informar a la compañía aseguradora sobre toda circunstancia que pueda influenciar la decisión de ésta sobre suscribir la póliza, o los términos en que los suscribirá. Si, por ejemplo, usted quiere contratar un seguro de vida, debe revelar a la aseguradora, durante el proceso de aplicación para la póliza, es decir, antes que ésta sea contratada, cualquier información que pueda influir la decisión de la aseguradora sobre si lo asegura, o en qué términos. El mentir en el cuestionario o de cualquier otro modo proveer información falsa a la aseguradora durante esta etapa, trae como consecuencia jurídica la nulidad del contrato de seguro.

Como abogado, he visto, por ejemplo, casos de personas que han fallecido, y cuando los beneficiarios de la póliza reclaman, la aseguradora rechaza el reclamo sobre la base que el asegurado mintió en la aplicación para la póliza. El resultado es que los beneficiarios no reciben absolutamente nada. Y esto no es ninguna jugarreta de parte de la aseguradora. Lamentablemente, es lo justo. De lo contrario, mucha gente podría aplicar a una póliza de vida cuando ya le han diagnosticado una enfermedad grave, omitir dicha información, y entonces obtener el beneficio de la póliza. Así, las aseguradoras irían a la quiebra, y eso no nos beneficiaría al resto de los que contratamos pólizas de seguro para cubrirnos contra determinados riesgos.

Por esto, siempre hay que asumir que cualquier pregunta que está en el formulario de aplicación para la póliza, requiere una respuesta completamente franca y, en caso de duda, es mejor responder de más. Y en cada renovación periódica de la póliza, hay que revelar cualquier información nueva o cambio de circunstancia que pueda ser relevante al riesgo.

Interés asegurable

Un principio fundamental del Derecho de Seguros, es que la persona indemnizada (el beneficiario de la póliza) por virtud de un contrato de seguro, debe tener un interés asegurable sobre la cosa asegurada, al momento de la ocurrencia del siniestro. La ocurrencia de un siniestro no debe resultar jamás en un incremento de patrimonio para la persona beneficiaria de la póliza. Esto crearía un incentivo económico a no protegerse de la ocurrencia de los siniestros cubiertos por el contrato de seguro (y, en el caso de personas con tendencia criminal, incluso a provocar), algo que evidentemente no es provechoso para la sociedad (riesgo moral).

El principio del interés asegurable implica que, de ocurrir un siniestro cubierto por la póliza, la aseguradora está obligada a indemnizar por la suma menor entre el perjuicio patrimonial sufrido, y el máximo de cobertura de la póliza (o del riesgo respectivo dentro de la póliza). Es por esto la aseguradora indemniza sobre valor del bien al momento del siniestro, y no valor de restitución si éste es mayor.

Riesgos cubiertos y exclusiones

Revise bien qué riesgos están cubiertos. En los seguros existe una gran diversidad de riesgos. En los de cosas, por ejemplo, no toda destrucción de la cosa asegurada está cubierta por la póliza. Un seguro contra robo no protege en caso de incendio. Lea bien su póliza y esté enterado de contra qué riesgos está protegido. También, los montos de indemnización máxima por cada riesgo (en las pólizas que cubren contra múltiples riesgos, existen algunos con coberturas específicas que pueden ser menores a la cobertura nominal global de la póliza).

En cuanto a exclusiones, se refiere a las situaciones en que no corresponde indemnizar. Obviamente, cuando el propio asegurado ha causado intencionalmente el siniestro, no corresponde indemnizar. Pero aparte de tal situación, existen otras exclusiones en los contratos de seguro. Siempre hay que leer bien la póliza y estar claro en cuanto a las exclusiones. En muchos casos, es posible contratar como extra la cobertura del riesgo excluido de la póliza estándar, si usted necesita la cobertura. Por ejemplo, cuando alquila un auto, puede contratar coberturas opcionales como rotura/rajadura de parabrisas, y otros.

Riesgo moral

Las empresas aseguradoras tienen que lidiar continuamente con un problema conocido como riesgo moral. Por tal, se entiende el peligro de que una persona que está protegida contra la ocurrencia de un riesgo determinado, se comporte de manera diferente de cómo lo haría si estuviese completamente desprotegida frente a dicho riesgo. Al asegurador le interesa que si una persona contrata una póliza de auto que proteja en caso de colisión, no por eso ahora comience esa persona a conducir de manera irresponsable. El deducible es una forma de minimizar el riesgo moral, pues al tener que asumir al menos una parte de la pérdida resultante de un siniestro, el asegurado tenderá a ser más cuidadoso en evitar la ocurrencia del siniestro. Es por esto mismo que si una póliza tiene un alto deducible, probablemente tendrá una prima relativamente baja respecto de otra póliza similar con menor deducible.

Lea su póliza y desnúdese ante la aseguradora

Como ve, hay mucha letra menuda que mucha gente desconoce sobre sus pólizas de seguro, y entonces cuando ocurre un siniestro, comienzan las quejas contra las aseguradoras, alegando muchas veces ‘juego sucio’. Pero esto muchas veces es ignorancia nuestra sobre las condiciones de la póliza. Bien estudiadas y contratadas, las pólizas de seguro son una enorme ayuda en la administración de riesgos.