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Fútbol y Derecho

Por Jaime Raúl Molina (Artículo publicado en Revista Agenda, junio de 2011)

Poco después de la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, escribí sobre fútbol y economía (“Fútbol y Economía, AGENDA, ago. 2010). Pues ahora, en el mes de la Eurocopa 2012, escribo nuevamente sobre fútbol, esta vez para ilustrar conceptos jurídicos. El fútbol ayuda a entender mejor algunos principios del Derecho fundamentales para la civilización.

Igualdad ante la Ley

En el fútbol, las mismas reglas aplican a todos los jugadores y a todos los equipos por igual. No hay trato discriminatorio ni favorable por las normas. Las normas no dicen que si a un equipo le va mal muy seguido, los árbitros deban ser más condescendientes con él, o que sus goles valgan por dos hasta que salgan de su mala racha. No, si su equipo no tiene éxito, pues mala suerte, pero las reglas se siguen aplicando de la misma manera. Esto es fundamental porque así el éxito llega a quienes mejor juegan dentro de la normativa.

Fíjese que la igualdad no es de resultados. No es que si un equipo queda de último en la liga este año, para el próximo le dan automáticamente el trofeo de campeón, ni nada parecido. La igualdad bien entendida no es de resultados, sino de oportunidades. A todos aplican las mismas reglas, todos juegan en canchas con las medidas y características autorizadas por el reglamento, y utilizan balones conforme también al reglamento.

En sociedad, el ideal de igualdad surgió así también, como igualdad ante la ley, como igualdad de oportunidades. Pero la idea ha sido mal entendida por muchos, que han interpretado que no hay igualdad si no hay iguales resultados. Fíjese en el clamor de algunos porque la Asamblea Nacional esté representada por exacta cantidad de varones que de damas. Y si el electorado vota por más varones que damas (o a la inversa), ¡pues que se friegue el electorado y la democracia!, y se fuerce la llamada paridad aún contra la voluntad popular. He allí la igualdad mal entendida, la de resultados, que afortunadamente no ha llegado al fútbol.

Certeza de la Ley

Lo anterior se observa también en que las normas son claras para todos. No hay altos márgenes de discrecionalidad en las autoridades del fútbol. Por ejemplo, los países cuyas selecciones llegan a la fase final de la Eurocopa no se determinan mediante decisión de un consejo de sabios. No hay un comité burocrático encargado de elegir ganadores y perdedores. No, lo que hay es un proceso de eliminatorias en que todos tienen igual participación, y clasifican quienes resultan airosos según reglas claramente establecidas de antemano. Y muy importante, dichas reglas no se cambian una vez se inicia el proceso de eliminatorias: se anuncian con bastante antelación al torneo y cualquier cambio que ocurra sólo tiene vigencia para el torneo siguiente, pero nunca para el que ya ha iniciado.

Esto último es fundamental para evitar que el reglamento se convierta en herramienta para favorecer a equipos determinados. Si las reglas se andan alterando luego de iniciado el torneo, siempre habrá lugar a suspicacias de que se quiere favorecer a determinados equipos en desmedro de otros. Ello sería fatal para la credibilidad de cualquier torneo de fútbol (o de cualquier deporte). Pues lo mismo ocurre con la sociedad. Se desarrollan mejor y de manera integral aquellas sociedades en que hay certeza de la ley y certeza sobre su aplicación.

Si por ejemplo, para poner un negocio de taxis, una persona sabe que sólo tiene que cumplir con determinados requisitos objetivos como tener una licencia de conducir, tener un vehículo apto, y no haber tener historial penal, pues esa persona sentirá que tiene certeza y probablemente terminará haciendo la inversión y lanzándose al ruedo de tener su propio negocio. Si, por contrario, esa persona sabe que para tener un taxi no basta cumplir con requisitos objetivos y razonables, sino que además hay que lograr convencer a un funcionario que tiene el poder discrecional para decidir, de manera arbitraria, si concede o no el cupo, y que lógicamente utiliza arrienda poder discrecional al mejor postor, pues entonces vive usted en un país en que no existe genuina libertad de empresa. De nuevo: prosperan mejor y el desarrollo llega de manera más equitativa, en las sociedades en que hay certeza sobre la ley (su contenido) y su aplicación; en que usted sabe que si hace X, obtendrá Y.

Estabilidad vs. Inflación legislativa

Lo que me lleva a otro tema relacionado: la certeza sobre la ley requiere que las normas sean claras para todos. En el fútbol, lo son en gran parte porque son esencialmente las mismas reglas desde mediados del Siglo XIX. Hubo cambios desde entonces hacia acá, pero han sido pocos. Por ejemplo, la norma sobre posición adelantada original requería que el jugador atacante tuviese al menos tres jugadores adversarios más cerca que él de la línea de meta contraria, al momento de salir el pase hacia él. Esto fue modificado en 1925 para reducirlo a dos jugadores contrarios, como se mantiene en la actualidad. Hay otros cambios, pero realmente han sido muy pocos, y bastante distribuidos en el tiempo. Y a la hora de hacer cambios al reglamento, hay mucho, pero mucho debate entre los miembros de la IFAB (International Football Association Board, organismo encargado de establecer las reglas y sus cambios, sobre el fútbol), antes de hacer cualquier cambio.

No es que el cambio legislativo sea malo per se. Las circunstancias cambian, y algunas veces hay que cambiar las normas también. Pero cambiar las reglas del juego de manera continua y constante no es positivo para la sociedad. El ambiente de estabilidad normativa permite planificar a largo plazo. Usted no invierte dinero en un negocio a largo plazo si piensa que le van a cambiar las reglas dentro de seis meses. En el fútbol, el continuo mejoramiento en la competitividad de jugadores y equipos, es posible gracias a la estabilidad normativa. Virtuosos como Cristiano Ronaldo o Lionel Messi son el resultado de entrenamiento intensivo desde temprana edad, y muchos miles de horas de práctica. Si Cristiano o Messi tuviesen que adaptarse constantemente a cambios bruscos y radicales en las reglas que aplican al juego, jamás podrían llegar a los niveles de virtuosismo que nos ofrecen cada domingo de temporada.

Lo mismo aplica a la sociedad. Si las normas son claras y razonablemente duraderas, las personas pueden planificar a largo plazo, y todos sabemos que el largo plazo es lo que realmente produce riqueza. El cortoplacismo jamás conduce al desarrollo.

Aprendamos las lecciones que nos da el fútbol exitoso. El derecho cumple un rol fundamental en toda sociedad. Así como en el fútbol, prosperan más las sociedades organizadas según principios jurídicos propicios a la inversión a largo plazo, donde se premia la innovación y la excelencia.