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Fondo de liquidez bancaria: el principio del fin

El Gobierno Nacional está a punto de proponer la creación de un fondo de liquidez para el sistema bancario, según esta nota de La Prensa.

En Panamá no tenemos ni banco central, prestamista de última instancia ni seguro de depósitos bancarios. Los expertos del Fondo Monetario Internacional llevan años viniendo a Panamá a decirnos las mil y una razones por las que no tener ninguna de estas cosas nos hace menos competitivos y nos expone a riesgos de colapsos bancarios como esos que los demás países, esos que tienen esas tres cosas supuestamente maravillosas para evitarlos, han tenido a montones en repetidas ocasiones.

Ante la crisis financiera económica global que vivió el mundo desde la quiebra de Bear Sterns en 2007 y luego la quiebra de Lehman Brothers en 2008 que llevó al gobierno federal de los Estados Unidos de América a ordenar un recate billonario de la banca para evitar el colapso total del sistema y las corridas bancarias, el sistema financiero mundial sufrió de manera importante. En Europa se dieron quiebras de importantes bancos y otros actores financieros, y también tuvo el Banco Central Europeo (BCE) que actuar para evitar el colapso de la banca en Europa. Frente a todo esto, en Panamá no hubo ni una sola quiebra de bancos. El sistema bancario y financiero de Panamá evitó los colapsos bancarios, financieros y de gigantes del sector industrial o comercial, que tanto afectaron otros países.

En toda nuestra historia como república soberana, hemos estado libres de corridas masivas y de sistémicas bancarias y financieras. Esta relativa solidez de nuestro sistema bancario se debe entre otras cosas a la ausencia en Panamá de banco central, de un prestamista de última instancia, y de un seguro de depósitos.

Riesgo sistémico y riesgo moral

Los economistas llaman riesgo sistémico a la posibilidad de que todo el mercado se contraiga o colapse a la vez. Este riesgo no puede ser mitigado mediante la diversificación de cartera, porque su propia esencia es la contingencia de que el mercado en general, y no sólo un sector específico de la economía, sufra una severa contracción.

El riesgo sistémico siempre existirá, pero puede agravarse por ciertas conductas humanas en la actividad financiera y empresarial en general. Esto puede ocurrir con lo que los economistas llaman riesgo moral.

El riesgo moral se da en toda situación en que una persona esté en posición material de aumentar sus beneficios, trasladando a otros los costos incurridos. Cuando se da una situación de éstas y las personas actúan de dicha manera, el resultado es una destrucción neta de riqueza. Un ejemplo simple es la disposición de deshechos tóxicos en un río, que genera a los demás un perjuicio muy mayor al beneficio que recibe quien así dispone irresponsablemente de los deshechos. Allí donde hay externalidad económica negativa, hay riesgo moral.

Prestamista de Última Instancia

Bien, aterricemos: ¿qué tiene esto que ver con las crisis bancarias? Existen esquemas de regulación bancaria diseñados con el fin de reducir riesgo moral, pero que en realidad resultan en un aumento de éste. Una de ellas lo es el establecimiento de lo que se conoce como el Prestamista de Última Instancia (‘Lender of Last Resort’), que consiste en una institución cuya función es supuestamente la de ofrecer liquidez a bancos en situación de iliquidez considerada como temporal.

El razonamiento detrás del establecimiento de un ente que cumpla dicho rol de Prestamista de Última Instancia, es que una situación de iliquidez de algunos bancos podría causar una huída o corrida sobre dichos bancos que, a su vez, podría provocar un pánico generalizado entre los depositantes, que los conduciría a retirar masivamente sus depósitos bancarios. En teoría esto, en un sistema de banca de reserva fraccional (recuerde que el banquero no ‘guarda’ vuestro dinero, sino que lo presta a plazos para obtener un retorno), puede hacer que la situación de falta de liquidez de un banco se convierta en una insolvencia generalizada de los bancos, con un consecuente colapso de todo el sistema de crédito, crucial para una economía moderna. El papel de Prestamista de Última Instancia está concebido para evitar este escenario.

Sin embargo, en la vida real la existencia de un Prestamista de Última Instancia, contrario a su perseguido fin de reducir el riesgo sistémico, en realidad resulta en un aumento de este. Para entender por qué, es menester visualizar cómo opera un sistema bancario en el que no hay banco central ni por tanto Prestamista de Última Instancia.

Banca Libre

Un sistema de banca libre o ‘free banking’ es uno en que no hay banca central, los bancos compiten entre sí y hasta pueden emitir sus propios billetes de banco que circulan en calidad de papel moneda, y no hay prestamista de última instancia. En dicho sistema, los bancos no tienen una red de seguridad. Si prestan demasiado y no mantienen adecuadas reservas de liquidez para hacer frente a las demandas efectivo de sus depositantes, pueden caer en el temido estado de iliquidez que los obligue a financiarse a tasas más altas para poder cumplir sus obligaciones. Esto, en el mejor de los casos, reduce notablemente las utilidades del banco, y en el peor, puede llevarlo a la insolvencia y a la quiebra.

El banquero privado en dicho sistema, entonces, tiene un fuerte incentivo a actuar con suma prudencia tanto en sus reservas líquidas, como en cuanto a los riesgos crediticios que asume en los préstamos que otorga. Si yerra y comienzar a tener que financiarse con otros bancos para poder cumplir sus obligaciones frente a sus depositantes, la mera noticia en el mercado puede crear desconfianza en los depositantes y éstos irán a retirar sus dineros depositados en dicho banco, creando una posible huída bancaria que lo llevaría a la insolvencia y consecuente quiebra.

En este sistema, como opera en Panamá, si un banco tiene una situación temporal de falta de liquidez, puede acudir al mercado interbancario a obtener préstamos a corto plazo para solventar esa falta de liquidez. Existen muchas maneras en las que un banco puede hacer esto de manera efectiva y eficiente. Lo importante será la calidad de sus activos, que será lo que mirarán los demás bancos para decidir si le otorgan la facilidad crediticia. Recordemos que falta de liquidez no es lo mismo que falta de solvencia. Un banco puede tener una excelente cartera de activos en razón de su solvencia, y aún así pasar por una situación temporal de falta de liquidez. Si este es el caso, el banco no debe tener problema en obtener financiamiento rápido en el mercado interbancario. Al contrario, los demás bancos estarán muy gustosos en otorgar dicho financiamiento. A fin de cuentas, esa es la esencia del crédito bancario, otorgar liquidez hoy a cambio de un retorno en forma de interés.

Cosa distinta sería si lo que enfrenta el banco no es ya meramente un problema de falta de liquidez sino de insolvencia. La insolvencia se refiere a la incapacidad de un banco para cubrir sus obligaciones debido a que el valor de sus activos es superado por su pasivo. Dado que el crédito es asunto de confianza, puede bastar que haya dudas razonables sobre la solvencia de un banco para que los demás bancos lo consideren insolvente para todos los efectos prácticos. Pero para efectos prácticos lo que importa es que los bancos no prestan a un banco que consideran insolvente, pero sí están siempre más que dispuestos a prestarle a un banco al que consideran solvente aunque falto de liquidez. La diferencia, por tanto, entre insolvencia e iliquidez, es crucial.

La ilusión de seguridad conduce a la asunción de cada vez mayores riesgos

Como vimos, en un sistema de banca libre, una situación de falta temporal de liquidez de un banco es algo que se resuelve de manera rápida y efectiva en el mercado. No requiere intervención alguna del estado. La esencia del negocio bancario es precisamente otorgar liquidez a los que la necesitan, por lo que prestar a un banco que la requiere en un momento dado no es esencialmente distinto a prestarle a cualquier otro negocio. En todo caso, es más fácil para los banqueros evaluar ese riesgo porque es exactamente su misma línea de negocio. Y como los banqueros están arriesgando los activos de sus bancos sabiendo que no cuentan con una red de seguridad, actúan con prudencia al evaluar los riesgos que asumen al prestar a otros bancos.

Pero cuando se instaura un Prestamista de Última Instancia, se traslada el riesgo a un ente público (el Banco Central). Se crea la falsa sensación de que los depósitos bancarios están más seguros porque el Gobierno no dejará jamás quebrar al Banco Central (quien asume así, en última instancia, los riesgos crediticios de todo el sistema). El banquero ahora no tiene tan fuerte incentivo a ser conservador en el otorgamiento de créditos, pues confía en que de llegar a surgir un problema de iliquidez, el Banco Central saldrá en su ayuda inmediata, para proteger al sistema bancario. El depositante, por razones similares (aunado a la existencia de un seguro de depósitos, también respaldado por el Estado, que le garantiza que en caso de quiebra del banco en que mantiene sus depósitos, éstos le serán reembolsados hasta un monto máximo predeterminado), ya no tiene tanto incentivo a monitorear la solidez del banco en que mantiene sus depósitos.

Tanto el banquero como el depositante han así trasladado el riesgo de iliquidez, insolvencia y quiebra por riesgos crediticios, a un tercero que es el Banco Central, es decir, al Estado. Pero el Estado en realidad no tiene bolsillos propios, no genera riqueza, sólo la que recauda de sus ciudadanos. Así, al trasladar el riesgo crediticio de todos los bancos en el sistema al Estado, estamos creando la ilusión de reducción de riesgo, cuando en realidad lo hemos aumentado por razón del ahora aumentado riesgo moral, antes aludido. Como dijo Herbert Spencer, el resultado de blindar a las personas de los efectos de sus propias tonterías, es que el mundo se llena de tontos.

La instauración de un Prestamista de Última Instancia altera esencialmente la situación de riesgo. Para emplear la expresión de Nassim Nicholas Taleb (autor de The Black Swan y otros), la creación de este fondo de liquidez que está por proponer el Gobierno Nacional hace que los banqueros dejen de tener piel en el juego (skin in the game). Como de forma brillante explica en sus distintas obras el Sr. Taleb, cuando los sistemas financieros (y otros sistemas donde se asumen riesgos de otras clases) permiten que se separe la asunción de riesgos de la exposición a dichos riesgos, es decir, cuando quienes van al casino quedan blindados de los resultados de sus apuestas, el desastre es solo cosa de tiempo. Pues eso es lo que es el Prestamista de Última Instancia para bancos.

Debemos advertir los peligros de la iatrogénesis. Iatrogénesis es vocablo originado del griego y significa “provocado por el médico o sanador”. Se refiere la iatrogénesis y la iatrogenia en general al fenómeno del daño que causa en el paciente la intervención del supuesto a sanar. Es lo que en lenguaje coloquial se expresa diciendo que la cura puede ser peor que la enfermedad. En el caso del estudiado fenómeno del aumento de riesgo sistémico causado por las intervenciones llamadas a reducir dicho riesgo como la creación de banco central, prestamista de última instancia y seguro de depósitos, estamos ante un caso de iatrogénesis o cura peor que la enfermedad. El sistema panameño ha funcionado sin banca central ni prestamista de última instancia por más de cien años, y nuestro centro bancario ha salido airoso de crisis financieras mundiales recientes, sostengo, precisamente porque aquí los banqueros tienen su piel expuesta al juego. Lo que propone el gobierno es protegerles esa piel, blindarlos de cualquier quemadura por meter las manos en aguas muy calientes. El resultado, me temo, será que eventualmente nos quemaremos los depositantes, los contribuyentes o ambos, como ha sucedido con los rescates bancarios en EUA y países de Europa en años recientes.

Conclusión: Panamá debe mantener su modelo

Panamá, afortunadamente, no tiene un Banco Central. Panamá ha estado exento en toda su historia republicana, de los episodios de colapsos financieros, hiperinflación y huídas bancarias a las que han estado expuestos prácticamente todos los demás países de América Latina, y muchos países de otras latitudes. Entre las principales razones (aunque se trata de algo multifactorial), está que no tenemos un Prestamista de Última Instancia, ni seguro de depósitos, ni Banco Central. La pretensión de crear el llamado fondo de liquidez es sumamente preocupante por varias razones. En primer lugar, por lo antes expresado en sentido de que muy contrario a lo que se pretende, los prestamistas de última instancia aumentan el riesgo sistémico precisamente porque blindan a los que asumen riesgos, de los efectos de esos riesgos (sin piel en el juego -no skin in the game– como diría Taleb). En segundo lugar, constituirá la semilla de la instauración de un futuro banco central, ya que a la primera crisis bancaria -y no dude que los riesgos generados por la ausencia de piel en el juego que traerá este prestamista de última instancia– los banqueros clamarán por la instauración de un banco central. Me dirán que eso no es posible porque la Constitución no lo permite. Los que así piensan no han aprendido una fundamental lección de la Historia, que consiste en que en situaciones de graves crisis sociales/económicas/políticas, lo que hasta ese momento es impensable tiende a convertirse no solo en posible sino en cosa aclamada por las masas. Estamos advertidos.

Actualización: los amigos de GCC Views han hecho un buen análisis del mismo tema.