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¡Feliz cumpleaños, Carta Magna!

(Artículo publicado por Jaime Raúl Molina en La Estrella de Panamá, lunes 15 de junio de 2015)

El 15 de junio de 1215, hace 800 años, fue suscrita la Carta Magna, documento que resultó del pulseo de poder entre los barones ingleses y el rey Juan de Inglaterra (Juan Sin Tierra, hermano de Ricardo Corazón de León), y que fue crucial en el desarrollo del sistema constitucional del Reino Unido de Gran Bretaña y de la república de los Estados Unidos de América, que nacería mucho después.

Los barones ingleses venían sufriendo la rapacidad, primero de Ricardo Corazón de León, y luego del propio Juan. Ricardo creó y aumentó impuestos para financiar sus campañas militares y expropiaba y confiscaba sin control. Juan, ya como rey, mantuvo estas prácticas abusivas. El vaso se colma con la derrota de Juan a manos de Felipe II de Francia en la Batalla de Bouvines, en que perdió irremediablemente el Ducado de Normandía. Debilitado militar, económica y políticamente, regresa a Inglaterra, donde los barones ingleses se rebelan contra la autoridad de aquel. Los barones reclaman que Juan confirme la vigencia de la Carta de Libertades, firmada anteriormente por Enrique I poco más de un siglo antes. Juan se rehúsa y los barones rebeldes se organizan militarmente, llegando a sitiar Londres. Juan se ve obligado a negociar y ahora los barones, sintiéndose en mejor posición de negociación, preparan el documento que Juan termina firmando el 15 de junio de 1215 como un acuerdo de paz, para que los barones depongan las armas y lo reconozcan como rey. Años después se le comenzaría a llamar Carta Magna.

Carta Magna contiene disposiciones sobre el derecho de habeas corpus; la inviolabilidad del domicilio; el principio de que el rey no puede establecer nuevos impuestos o tributos sin el consentimiento de los barones en congreso; que ninguna autoridad o representante del monarca o de señores feudales, pueda compeler a un hombre libre a proveerle un servicio si este no da su consentimiento; el libre tránsito de los comerciantes y el derecho a que no se le cobren tarifas ni impuestos arbitrarios, y otras. Todas estas disposiciones tienen un elemento en común, y es que impusieron importantes límites al poder del rey.

Carta Magna condicionó a los reyes ingleses que vinieron después de Juan. Algunos trataron de desconocerla, pero los barones la hicieron valer siempre. Juristas y filósofos políticos posteriores usaron Carta Magna como sustento de las ideas del Derecho Natural como fuente de derecho que está por encima de la voluntad del Hombre y de cualquier autoridad humana. Carta Magna fue la base de posteriores documentos constitucionales que limitaron aún más el poder del monarca británico, como la Declaración de Derechos de 1689 que estableció definitivamente la supremacía del parlamento por sobre el rey, y jugó un papel determinante en la formación de las ideas de libertad en los revolucionarios que llevaron a la independencia de los Estados Unidos de América. La Constitución de los Estados Unidos de América está cimentada sobre la idea de que hay ciertos derechos que son innatos al ser humano y por tanto inalienables, y que solo constriñendo el poder público se puede garantizar tales derechos de los ciudadanos.

Carta Magna nos deja una lección fundamental: al poder hay que restringirlo para que la ciudadanía sea libre. Cuando el Gobierno tiene mucho poder, el ciudadano es esclavo. Nuestra Constitución dedica mucho espacio a declarar supuestos derechos positivos que más que derechos son declaraciones de deseos. Con ello se dota al Estado de un poder que va mucho más allá de lo estrictamente necesario para sus funciones legítimas. La discrecionalidad, la centralización y el excesivo predominio del Ejecutivo potencian el abuso de poder. Debemos amarrar al Estado para no lamentar luego la pérdida de nuestra libertad, como hoy lamentan nuestros hermanos de Venezuela.

En fin, hoy brindo por ese documento que hace 800 años le dijo al gobernante: ‘Usted no es absoluto’. ¡Feliz cumpleaños, Carta Magna!