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La contratación de personal bajo figura de servicios profesionales

Creo que usted sabe a dónde voy con este artículo. Existe una práctica muy extendida de contratar personal con figura de servicios profesionales, con el fin velado de evitar que al contrato en cuestión le sean aplicables las normas del Código de Trabajo. Sin embargo, dicha práctica es completamente infructuosa y hasta contraproducente. En este artículo explico el porqué.

Principio de primacía de la realidad sobre la forma

En materia de derecho del trabajo, rige un principio conocido como el de primacía de la realidad sobre la forma. Este principio está contemplado en el artículo 63 C.T., y consiste en que en materia de relaciones de trabajadores con empleadores, la realidad de los hechos prima siempre sobre las formas contractuales y documentales. En el caso de la naturaleza de la relación, esto significa que si la realidad de la relación es tal que hay subordinación de parte del que presta el servicio hacia quien lo recibe, entonces se trata de una relación de trabajo aunque haya un contrato escrito que califique la relación como una de servicios profesionales.

¿Cómo se determina esto? Hay dos criterios, uno principal y otro supletorio. Se trata de la subordinación jurídica y la dependencia económica. El primero es el criterio principal, autónomo. Si hay subordinación jurídica se trata entonces de una relación de trabajo, independientemente de lo que diga el contrato (art. 62 C.T.). El otro criterio es supletorio porque si no se puede establecer la subordinación jurídica, pero se puede establecer que quien presta el servicio tiene una dependencia económica frente a quien recibe el servicio, entonces se considera también que hay relación de trabajo (arts. 62 y 65 C.T.).

Cómo se determina la subordinación jurídica

La subordinación jurídica consiste en la dirección ejercida o susceptible de ejercerse, por el empleador o sus representantes, en lo que se refiere a la ejecución del trabajo (art. 64 del Código de Trabajo). La subordinación jurídica es la contraparte del poder de dirección del empleador.

En la práctica, la subordinación jurídica se manifiesta en elementos como la existencia de horario de trabajo definido; la imposición de sanciones disciplinarias; la facultad de quien recibe el servicio para decidir de forma unilateral la forma o modalidades en que el prestador del servicio ejecuta las tareas; el hecho de que las herramientas empleados por el prestador del servicio sean provistas por el que recibe el servicio, y similares. Estos hechos delatan la existencia de una relación de subordinación de quien presta el servicio a quien lo recibe, y no una relación comercial entre iguales. Allí donde elementos como los mencionados permiten discernir dicha subordinación personal, se considera que la relación es de trabajo y por tanto sujeta a todas las normas protectoras del trabajo contenidas en el Código de Trabajo y legislación complementaria.

La dependencia económica, por ser supletoria, es un elemento que normalmente no llega a ser esgrimido, pero hay dependencia económica en los siguientes casos (art. 65 C.T.):

  1. Cuando la remuneración que recibe la persona natural que presta el servicio o ejecuta la obra es la única o principal fuente de sus ingresos.
  2. Cuando todos o la principal porción de los ingresos que recibe la persona por su actividad provienen de forma directa o indirecta de una misma persona o empresa, o como consecuencia de su actividad.
  3. Cuando la persona que presta el servicio o ejecuta la obra no goza de autonomía económica y se encuentra vinculada económicamente al giro de actividad que desarrolla la persona o empresa que pudiera considerarse como empleador.

Ejemplos

Cuando usted llama un electricista (o plomero o carpintero) para que le repare o instale algo en casa u oficina, normalmente el electricista es quien le dice a usted qué día puede ir, a qué hora, etc. El electricista lleva sus propias herramientas (hasta escalera) y ejecuta el trabajo del modo técnico que él determina (él es el especialista). En este caso, el electricista no está sujeto a un horario ni a órdenes unilaterales de quien recibe el servicio, sobre el cómo hacer el trabajo. Es un claro ejemplo de verdadera libertad de contratación en igualdad de condiciones. Aquí no hay relación de trabajo.

En caso de servicios que uno contrata de forma regular, digamos, cuando usted contrata los servicios de un contador para su empresa, para la determinación de si hay o no relación de trabajo es útil entonces atender a elementos como los siguientes:

  • Lugar donde se ejerce la prestación del servicio. ¿El contador presta el servicio desde su propia oficina o en las instalaciones de quien recibe el servicio?
  • Horario. ¿El contador determina su propio horario de llevar a cabo los encargos que le da su empresa o está sometido a cumplir un horario de trabajo determinado?
  • Equipos. Hoy día la contabilidad es llevada en registros informáticos con el uso de computadoras. Dicho registro, ¿es llevado por el contador en su propia computadora o en la computadora del empleador?

Los anteriores son solo ejemplos. Y no debe atenderse a un elementos aislado sino al conjunto de los distintos elementos entre sí, para determinar si la relación es una en que hay subordinación personal o no. Pero en la gran mayoría de los casos, la naturaleza misma de la relación deja claro si es o no es una relación de subordinación. Los casos en zonas grises son muy contados y raros.

Recomendación

Cuando una empresa busca simular una relación que genuinamente es de trabajo bajo la figura de servicios profesionales, no solo está infringiendo la ley sino que probablemente no está logrando ningún beneficio a cambio, más bien lo más probable es que se está perjudicando. Esto, porque se priva de beneficios que podría aprovechar si desde un inicio se refleja en el contrato la realidad de la relación, por ejemplo, perdiéndose el beneficio de establecer una cláusula de período probatorio para la relación de trabajo.

La práctica empresarial de simular relaciones de servicios profesionales para tratar de esconder relaciones de trabajo, no ofrece ninguna ventaja. El empleador se engaña solo y no engaña a más nadie, pues al momento de reclamos laborales del trabajador, las Juntas de Conciliación y Decisión atienden únicamente la naturaleza de la relación y no las formas contractuales. Por ello, siempre recomiendo a mis clientes empresariales no usar la figura del contrato de servicios profesionales cuando la relación es de naturaleza laboral.